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Posts Tagged ‘niños’

          Mácho chemecón ye el que chemeque cuán ba cargáu…. No,…tranquilos,…es broma. Abandonemos por una vez el lenguaje pseudoacadémico (-después del tostón dado con la última entrada os lo merecéis-) y pongámonos…

          …Íntimos…

          Aborrezco los sitios dedicados al, digámosle, chateocotilleo y el exhibicionismo en general me repele, pero el entusiasmo del neófito provocado por mi reciente irrupción en la globosfera, -otra gilipollez de los medios-, en concurrencia con la pertinaz sensación de que seguimos siendo cuatro gatos los que nos guisamoscomemos este blog a pesar de las 7.500 visitas que, dicen las estadísticas, llevamos ahora mismo, se conjuran para, -orujo aparte-, generar en mí la necesaria osadía que me impele a colocaros el siguiente texto, sin más objeto que dar por solemnemente inaugurada la sección literaria, -o artística en general-, de este blog.

          -¡Oh!…¡Qué pena…!-

          Su autor, que afortunadamente para los deleitados lectores sufre una suerte de síndrome de Diógenes, rescató hace no mucho tiempo de sus insondables fondos la joya literaria que os acabo de presentar, y aún cuando es dudoso que le acarree la nominación para el Nobel de Literatura, quizás le permita la promoción de la categoría de veraneante, (superada la de forastero ya hace tiempo -creo-) a la de hijo predilecto del pueblo, honor al que secretamente aspira tras cumplirse nada menos que el 45 aniversario de su inquebrantable fidelidad y constancia en la visita a estas tierras. Aunque rechaza vehemente firmar autógrafos, si por un casual os lo cruzáis por la calle y no apesta a vino, para su correcta identificación podéis valeros de una fotografía suya, probablemente de la época en la que escribió el texto, a la tierna edad de 11 años. Aparece en compañía de parte de sus hermanos y hermanas, más la adición de un primo, bajo el arco de entrada a la casa de Fina de Cotos, junto a la actual Farmacia, y afirma mi cuñado Carlos que se les conoce en la panadería como “los julines”, extremo éste, la existencia de un apodo, que apunta en la dirección adecuada hacia el encumbramiento a la categoría antes referida. La plena adquisición de la carta de ciudadanía es impensable por el momento, pese a los firmes principios expresados en el contenido del texto y mantenidos reiteradamente en el tiempo.

Los julines

          Algunos de vosotros recordaréis las calles empedradas, antes de que se reventara el empedrado para instalar el alcantarillado y el agua potable en el pueblo. ¿Quién retiene la fecha exacta y nos la dará a conocer? ¿Paco? Y…, ¿Recordáis a vuestras madres yendo al lavadero o a la ‘ceica’ misma de debajo de la calle Nueva u otros muchos puntos en las acequias, las “picas”, a ‘rentar’ la ropa,… o a las mujeres con los cántaros en la cabeza a surtirse de agua de las fuentes? Y volviendo al texto infantil, la televisión –ese artefacto- no llegó al pueblo hasta 1970 si damos por buenas las afirmaciones de ese mentecato. El número de familias que habitaba el pueblo seguro que se lo inventó.

           Dejémonos de insensateces, (-¿quién hablaba el otro día de insania mental, Joan?-), mi objetivo no es otro que recordaros una vez más que este blog sigue abierto a vuestra participación. Si os da yuyu el teclado, coged papel y lápiz y nos lo hacéis llegar a cualquiera de nosotros. ¡Coño! ¡Abrid de una vez los baúles de vuestros abuelos y rebuscar entre las fotos antiguas,… no hace falta ni fechas exactas, ni su localización,… nos lo comemos todo! Y aquí nadie se preocupa ni de la ortografía, ni de la concordancia, ni mucho menos de la sintaxis. Una vez más, ¡Ánimo!

           –mirad ‘esto’, salió en el programa de Fiestas de Verano de 1989-

           Una cosa que me haría mucha ilusión y que sería la mejor de las contribuciones a esta nueva sección (-de escaso recorrido me temo-) es que alguien tuviera a bien colgar una jota interpretada por vecinos del pueblo. Cualquier ocasión era buena para juntarse un rato y tocar juntos. Recuerdo oír de niño -sin prestar especial atención desgraciadamente- con cierta frecuencia, mientras correteábamos por las calles, los sones de guitarras y bandurrias… y las voces. ¿A nadie se le ocurrió grabar alguna sesión de aquellas? ¿Podemos digitalizarlas y colgarlas? -¿Gerardo, tu sabes algo?-

Roseto

          ¿Os acordáis de Roseto?… ¡Qué zagales!…

          Julio, 18 de abril de 2011.

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                 El pasado 21 de agosto de 2010 nos estrenamos como Asociación con una primera actividad, esperemos que precursora de otras muchas que tenemos en mente, y que, dado que ya no había tiempo para muchos preparativos ni para organizar nada más, ni mucho menos presupuesto alguno, consistió en algo simple: realizar una excursión por el término municipal.

          Se decidió acometer, el tercer sábado de agosto, cuando todavía quedaba bastante gente en el pueblo, la subida al Mas de Vicenta. Una excursión matinal, sencilla y sin apenas complicaciones que todavía nos permitiría llegar a tiempo de darnos un refrescante baño en el río.

          La convocatoria fue bastante exitosa: unas 25 personas de todas las edades (el menor 7 años, otros ya cercanos a la jubilación), vecinos y veraneantes de Ludiente, acudieron a La Plaza a las 9 de la mañana dispuestos a salvar los casi 300 metros de desnivel que hay entre el pueblo y el Mas de Vicenta.

© Daniel Belenguer

          Nuestra primera parada fue en La Puebla, donde se llenaron cantimploras y se echó algún pitillo por parte de los empedernidos fumadores. No subimos a la citada masía por la pista forestal, actualmente cementada, que muere allí, sino que lo hicimos por una antigua senda, sin demasiadas aliagas, -tollagas, como decimos en Ludiente (*)- todavía reconocible e incluso con tramos del viejo empedrado, que saliendo desde el Restaurante se dirige a Los Majuelos, desviándose de este camino a la altura del Puente Nuevo para subir directamente a La Puebla.

          Desde La Puebla, y ya picando el sol, continuamos la ruta hacia el Mas de Vicenta. En esta ocasión no íbamos por cualquier sendero, sino por un camino principal. Nada menos que por el antiguo camino que desde Ludiente llevaba a Lucena del Cid o a Alcora, bifurcándose éste precisamente a la altura del Mas de Vicenta. Justo en la entrada de la masía, en la era, machacada por la pista y utilizada ahora por algunos para aparcar sus vehículos, rodeándola y por debajo de la misma, el camino de Alcora, hoy completamente perdido, enfilaba hacia La Cervera y de allí a El Molar, antes del cruce obligado del Barranco del Manzano (o Barranco Árboles) y apenas unos metros antes de alcanzar la citada era el camino de Lucena dirigía sus pasos hacia Los Cubos de Royo.

Ortofoto bifurcación

                La senda desde La Puebla hasta el Mas de Vicenta , – la excepción que confirma la regla (**) – se encuentra en buen estado y es perfectamente transitable ya que fue despejada de maleza poco antes del verano de 2009 y, aunque se echa en falta alguna clase de señalización para los que no conocen la ruta, si desde La Puebla se consigue embocar la salida no tiene pérdida y su trazado es reconocible sin mayores esfuerzos.

          Discurrió la subida sin más incidentes que una lluvia de perdigones sobre nuestras cabezas (la media-veda de la paloma torcaz, se excusó el interpelado cazador) poco antes del cruce de la Colada del Paso de l’Atalaya (denominación del paso ganadero que según el Catastro recorre la cresta que desciende desde la cima de l’Atalaya hasta el río pasando por el Pilón de la Providencia y la Cueva Alta -ver mapa-), y, desde allí y ya a la sombra del pinar, en suave desnivel, transitamos en paralelo al barranco de El Jaqués, (el que nace en la Loma Batista , pasando junto a la masía de igual nombre y se precipita al río a la altura de la Cueva Alta), hasta finalmente alcanzar nuestra meta, pateados los 3.075 metros que distan desde el pueblo, y donde, sin más preámbulos, nos dispusimos a dar buena cuenta de los merecidos bocatas (el servicio de catering de la Asociación se limitó a las garrafas de agua que, por la pista que sale de la curva de La Caseta, nos trajeron -gracias Gerardo- para rellenar nuestras menguadas cantimploras. Se intentará mejorar la calidad del servicio).

          No excesivamente cansados (invertimos casi hora y media para subir tranquilamente al Mas) y después del frugal refrigerio, una gran mayoría de nosotros decidió aceptar la sugerencia de alcanzar la cercana cima de la Loma Sincabo, a casi 800 metros de altitud y rematar así la faena. Sin duda fue lo más espectacular de la jornada. Si los más de 400 metros de desnivel en caída libre hasta el río ya impresionan de por sí, las vistas son sencillamente espléndidas…, desde el pico de Peñagolosa, hasta la Peña Saganta, con la muela del Buinegro (o Buey Negro) enfrente a tiro de piedra. Una envidiable panorámica que además y por fortuna se vio saludada por la aparición de unas parejas de buitres leonados (Gyps fulvus) que, salidos por sorpresa de la buitrera que teníamos inmediatamente bajo nuestros pies y con toda su envergadura alar (250-280 centímetros) desplegada en vuelo rasante sobre nuestras cabezas dejó a más de uno sobrecogido. Todavía quedó gente dispuesta a asomarse a los abismos del Barranco Escalones (o de la Escalera) y culminar así una excelente excursión, inicialmente poco ambiciosa.

          No hubo grandes discursos, pero satisfechos con la inauguración de las actividades de la Asociación y del buen rato pasado en común en un ambiente relajado y, diría yo, casi familiar, además del placer de compartir los conocimientos, escasos o no, que cada uno podía aportar, sobre la toponimia, flora, fauna, etc. de nuestro pueblo, no quedaba más que regresar a Ludiente a reponer fuerzas por el mismo camino, con la variante de hacer por la pista el tramo final de La Puebla a Ludiente (***).

          ¿Para cuándo la próxima salida? Esperemos que pronto.

 

Julio, 13 de octubre de 2010

                                                                                                                                                                                                                                                                                                    
          (*) y quede constancia que decimos bien. Aunque no aparezca en el Diccionario de la Real Academia Española, el vocablo lo mantiene la S.E.C.F., Sociedad Española de Ciencias Forestales, en su Diccionario forestal: “Tollaga. (Ecol.Veg.) Mata espinosa muy rígida, baja y densa. Se aplica a varias fabáceas genísteas, como Genista pumila o G. Scorpius cuando están recomidas por el ganado. Palabra derivada de aliaga y abreviación de “todo llaga”. I.: Cushion heath association.”
          (**) No creo necesario comentar el lamentable estado en el que se halla la antigua y extensísima red de senderos que transitaba el término municipal. Algunos de estos caminos son sencillamente irrecuperables. A excepción de los más trillados (la senda a la Fuente La Cuba, el trozo que queda de la antigua subida al Buinegro y alguno más) la inmensa mayoría de los todavía más o menos transitables no pasarían de la calificación de itinerarios –resulta excesivo llamarlos senderos o caminos – y, aún machete en mano, cuesta un gran esfuerzo abrirse paso en la tupida selva que los cubre. Orientarse no es que sea cuestión de fe, es simplemente imposible si no te los conoces palmo a palmo, pues hablar de señalización es soñar.
          Sin embargo, y ahí quería llegar, además de la sorprendente limpieza del 2009 del camino al Mas de Vicenta antes mencionada, llegó a mis oídos que se pensaba adecentar también el camino a Benachera por la Cueva Negra y servidor pudo este pasado verano de 2010 felizmente comprobar de primera mano cómo, efectivamente, ya se había procedido a limpiar aproximadamente la mitad superior del mismo. Esperemos que estas iniciativas, supongo que del Ayuntamiento, después de tantísimos años de inactividad y desinterés absoluto por el tema, se convierta en una tendencia que se incremente y consolide como parte de una recuperación, si no integral, al menos parcial de una red viaria, parte de un rico patrimonio cultural, en acelerado proceso de extinción. -Del Patrimonio Cultural Inmaterial, como lo denomina la Unesco, también llamado patrimonio viviente, ya hablaremos otro día, siquiera sea para certificar su defunción-
          Hago una llamada de atención a la Asociación sobre este extremo. Mucho trabajo es el que hay, pero es sobre todo una cuestión de ganas.
          (***) Por cierto, la pista se superpone al viejo camino de Lucena desde La Puebla hasta el cementerio, donde a escasos metros – unos 125 metros antes de alcanzar el cementerio- permanece, como en otros pueblos de la zona, un peirón que da la bienvenida a los caminantes, en este caso también a los provenientes de El Castillo de Villamalefa. No en vano y de igual modo, el camino de Ludiente al Castillo de Villamalefa se inicia también en este punto. (Los peirones, o pairones, se sitúan en los aledaños del pueblo junto a los caminos y tienen varias finalidades: 1. Principalmente avisan de la proximidad del pueblo. En tiempos de nieves en los que los caminos no se distinguen sirven de guías pues se ubican en todos los caminos que confluyen en el pueblo. 2. Son delimitadores de los términos municipales o linderos particulares. 3. Sugieren a los viandantes que recen una oración por el motivo religioso en él representado. Wikipedia dixit). Cabe suponer que tendría, además de una columna realizada con sillarejo, un remate consistente en una cruz de piedra o hierro. Pues bien, de él sólo se conserva, a duras penas y en un más que inestable equilibrio, la peana, eso sí, casi completamente oculta por la coscoja (Quercus coccifera) y otros arbustos que la cubren. De hecho, ya han caído al suelo algunas losas de la base, como hacía presagiar la vieja fotografía. Urge consolidar al menos la base para que no acabe por desmoronarse todo y desaparezca esta pieza de nuestro castigado, por no decir, devastado patrimonio. Tratándose de la entrada principal del pueblo, junto a la Rocha del Molino, -antes de la existencia de las actuales carreteras, claro-, y a pesar de su modestia –ya sé que no se trata de un arco de triunfo romano-… ¿No sería deseable su restauración? ¿Alguien recuerda cómo era antaño el peirón?

 

 

Addenda 09/2011

Mapas imprimibles en A3 a escala 1:7.000 de la ruta Ludiente-Mas de Vicenta en los siguientes enlaces:

 

1. Mapa

2. Ortofoto

3. Ortofotomapa

 

 

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